Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.
El día a día de un peñista no es tan fácil como podría parecer en un principio, en un segundo pueden ocurrir cosas que al resto de los mortales tarda en pasarles toda una vida.
El diario comienza en el momento en que introduces por primera vez la llave en la cerradura del local (si la tiene) y lo primero que haces es echarte las manos a la cabeza y te preguntas… ¿y así dejamos esto el año pasado?, después vuelves a cerrar la puerta y te vas a tomar café, ya que has quedado con el resto de la gente (los que están). A los tres días de aquella acción preliminar vuelves a realizar la misma operación, introduces la llave en la cerradura del local (si la tiene) y te vuelves a echar las manos a la cabeza, pero ya no es la misma impresión que el primer día, ahora ya se sobrelleva bien y te vuelves a ir a tomar café y así en un bucle que se puede extender hasta el infinito. De pronto y en un momento, todos los acontecimientos se disparan; ya es San Lorenzo, no tenemos de nada, el local tiene más mierda que el palo de un gallinero, a ver cuando vienen estos, oye a ver cuando colaboras un poco, cuéntanos otra vez aquel chiste, …. Y así vuelve a pasar otro día y ya quedaremos por la noche, o no quedamos, total solo hay que montar la peña. Y como siempre en la víspera de la víspera, se hacen las grandes cosas: "a ver, tú y tú haced la lista y a comprar material, tú tráete unas cervecitas, tú vete a por pienso para los ratones y matamoscas, tú a quitar mierda conmigo, tu friega la vajilla, a ver que pasa con la subvención de Iberdrola". Y de esta manera y en cosa de 3 horitas si la gente está por la labor, estamos en la puerta tomando una cervecita y contando las eternas anécdotas que un año tras otro siempre nos contamos.
Llega la noche y llegan las cenas, que esa es otra, ni dios quiere quedarse a currar aunque sea un huevo frito lo que hay que hacer, así que se opta por el catering que como todo es a escote, pues eso, que entre todos no es caro y ahí es cuando realmente están las risas aseguradas, esas dos horitas de las cenas a la intemperie, porque el espacio que tenemos para los que somos como que se queda escaso, con esa banda sonora (El Padrino).
Después de la cena llega lo que realmente llamamos fiesta, pero que en realidad es la continuación del día, ya que este ha empezado a media tarde y ahí si que es imprevisible lo que puede suceder, uno tiene la idea de bajar al baile y de pronto te encuentras en la calle con quien menos esperas y ya se cambió todo el planning, tu pensabas que ibas a tener la rutina del día anterior, pero no y resulta que no te vuelves a ver con la gente de la peña con un poco de suerte, hasta el próximo día y son las 12 de la noche, pero es donde está la cosa en cuestión y además no sabes si esa va a ser la noche, donde va a estar el rato de las fiestas como yo digo; porque todos tenemos durante las fiestas un periodo de tiempo de una hora más o menos, donde nos reventamos a reír más que el resto de las fiestas y este rato no sabes cuando puede llegar, si de día si de noche, el primer día o el último, pero lo que está claro es que ese rato, es el rato de las fiestas.
Llega el día 15, el día de la fiesta, el ecuador, la tarde, los toros y para allá que nos vamos, siempre que no la suspendan, no sin antes aprovisionarnos bien aprovisionados de viandas varias; lo que menos nos importa a la gran mayoría son los toros, el tema está en la fiesta, la tradición, la merienda, los comentarios sobre nuestro primer día de fiestas, las discusiones taurinas que no tienen ni pie ni cabeza, las visitas al resto de peñas, con el fin de “a ver si cae algo” y acabando los toros, excepto a los muy taurinos que les encantan las vaquillas, los demás nos vamos que hay que preparar la cena y es el día en el que siempre tenemos a algún invitado extra en nuestras posesiones y seguro que vienen con hambre.
Y así un día y otro y otro, pero no creáis que nadie dice: a ver cuando se acaba esto y volvemos a la cruda y dura realidad. Esta expresión se dice siempre después cuando ya se ha acabado todo: “menos mal que se han acabado que si no me matan las fiestas”, “si duran un día más yo reviento” y cosas por el estilo, pero no nos engañemos, el refranero es muy sabio y dice:
La cabra tira al monte y en este caso las cabras somos nosotros y el monte, .....son la fiestas de Tábara. |