A partir de ese día, 14 de Agosto, tuve y tengo muy claro, lo que significan las fiestas de mi pueblo, aunque sea un sentimiento indescriptible que no se puede expresar
13-10-2008
CARLOS -COSA NOSTRA
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Entro casi a diario en vuestra página, unas veces para aportar algo en el foro, otras para ver fotos y otras porque uno quiere alargar todo lo posible las fiestas aún consciente de que ya estamos otra vez en la cuenta atrás para las siguientes. Pocos días después de acabar las fiestas de este año, me comentaba un amigo que si el tenía que venir a las fiestas para sentarse a tomar una copa en cualquiera de las terrazas y ver a la gente pasar, directamente se quedaba en su casa o se iba por ahí, ya que no podía entender toda la parafernalia si no estaba dentro de ella. Yo personalmente comulgo totalmente con esa idea, ya que toda mi vida he estado en una Peña y por lo tanto no se moverme fuera de ella, es un sentimiento que uno lo lleva metido dentro y que, el que está en esto lo conoce perfectamente, no se puede explicar con palabras lo que suponen las fiestas para mí, aunque voy a intentarlo desde el punto de vista de mi primer recuerdo con los amigos en unas fiestas. Era un mes de agosto de hace muchos, muchos años, por aquella época yo tenía la friolera de 11 añazos y mis padres me mandaron, que me fuera a pasar unos días a casa de mi tía en Salamanca. Mientras estuve allí la vida fue amena, divertida, distraída,.......(que cosas ¡la ciudad!), pero llegó la fecha en la que el click de mi neurona infantil se activó y ahí fue donde comenzó todo; el pistoletazo de salida. Era el día 14 de agosto, por la mañana temprano y aquí el que suscribe dijo con voz rotunda, que eran las fiestas del pueblo y que se iba, por las buenas o por las malas. Mi tía intentó por todos los medios que no me fuera, pero la decisión estaba tomada, así que, hubo que hacer la maleta y corriendo con el “niño” hasta la estación de tren. Aquí si que se me cayó el mundo encima, cuando llegábamos a la estación, el tren estaba saliendo y a buen seguro que no paraba para recogerme, (supongo que fue una artimaña, para que me quedara); no contento con eso decidí que el autobús era la opción ideal para el plan B, así que con el petate nos pateamos Salamanca entera para ir a la estación de autobuses y allí si que tenía plaza y bus y me presenté a la hora de comer en casa, para pasar las fiestas, para sorpresa de mi madre, que no me esperaba (no teníamos teléfono). Por aquel entonces la generalización de las peñas como las conocemos ahora no existía, solamente había un pequeño número de ellas, que paso a enumerar: Tábara 20, León Felipe, Olivia, El Roble Viejo, Aupa (embrión de Cosa Nostra), Los Linces, Los Catufos, Hijos del Agobio, Media Luna y alguna más que seguramente no recuerdo. De los detalles de las fiestas como podréis suponer, por mi edad, no recuerdo demasiado. Lo que si recuerdo es que fueron las únicas fiestas donde estuvo lloviendo durante todos los días, como si no hubiese caído agua nunca y yo ahí con mi ego inflamado e hinchado de satisfacción, por el deber cumplido y debajo del escenario prácticamente durante todas las fiestas, para resguardarme y no mojarme, con todos los amigos de correrías. Otra de las cosa que se echan de menos y por supuesto ya no volverán, son los juegos infantiles que se desarrollaban en la plaza, la cucaña, las cintas, las carreras de bicis, de burros, de yo que se ..., las bombas japonesas, los gigantes con sus cabezudos y que se yo que más cosas me traen buenos recuerdos y porqué no decirlo nostalgia, de unos años que han pasado y que no vuelven....................... Hay veces que incluso pienso que el tiempo se debería de detener en cuanto llega el 1 de Agosto, ya que las manecillas del reloj se disparan y cuando te quieres dar cuenta, estás otra vez con la cuenta atrás para las próximas fiestas. Los mejores momentos sin duda y haciendo balance, son los preparativos de la peña, que es donde la gente está unida y las risas aseguradas. Y es que algunas veces es mejor quedarte con ganas de algo, que no pegar el atracón. Volviendo a la historia, creo que ese fue el punto de partida y de no retorno que yo elegí y del que no me arrepiento ni un poquito y así hasta ahora; la verdad es que no me ha ido nada mal y pienso seguir del mismo lado los años que hagan falta, “si el tiempo no lo impide”. |